El 12 de julio de 1780 nació Juana Azurduy en Toroca, en la intendencia de Potosí dentro del Virreinato del Río de la Plata. Reconocida por su valor y compromiso, se convirtió en una de las patriotas más destacadas durante las guerras de independencia en América del Sur.
Azurduy creció en Chuquisaca y recibió educación en el Convento de Santa Teresa, pero fue expulsada por sus rebeldes actitudes. En 1805 se casó con Manuel Ascencio Padilla, con quien participó activamente en la Revolución de Chuquisaca en 1809, que logró la destitución de una autoridad colonial. Después de la Revolución de Mayo, ambos se unieron al Ejército Auxiliar del Norte, participando en importantes campañas al mando de líderes como Castelli, Balcarce y Díaz Vélez.
Tras ser capturada junto a sus hijos tras la batalla de Huaqui y perder todas sus propiedades, Juana Azurduy retomó la lucha mediante tácticas de guerrilla. Entre sus logros destaca la toma del cerro de Potosí en la batalla de Villar, hecho que le valió la ascensión a teniente por el jefe político Pueyrredón y la entrega de un sable de honor por el general Belgrano.
Después de la muerte de su esposo en combate, continuó con la resistencia junto a Martín Güemes hasta quedar abandonada y sumida en la pobreza. Simón Bolívar la encontró en condiciones precarias en 1825 y ordenó otorgarle una pensión vitalicia, que fue retirada por el gobernador boliviano José María Linares tras la muerte de Bolívar y Sucre.
Juana Azurduy falleció en la más absoluta indigencia el 25 de mayo de 1862. Su lucha fue reconocida por Bolívar, quien afirmó que el país no debería llamarse Bolivia sino Padilla o Azurduy en honor a quienes lo hicieron libre.