Brasil cuenta con una ventana de tres años para consolidarse como un competidor global en el sector de centros de datos, aprovechando las limitaciones temporales de países como Estados Unidos y naciones europeas para expandir sus infraestructuras energéticas. Esta oportunidad surge ante el prolongado plazo que requieren estas potencias para conectar nuevos centros a sus redes eléctricas, un proceso que puede tardar entre cinco y siete años.
Según Luciano Fialho, vicepresidente senior de Desarrollo Corporativo y Fusiones y Adquisiciones de Scala Data Centers, esta situación generará una brecha en la capacidad de procesamiento de datos en los próximos años, que debería canalizarse hacia mercados emergentes con capacidad para absorber la demanda, sobre todo Brasil. Sin embargo, este traslado depende de que el país agilice sus esfuerzos para atraer inversión extranjera y crear condiciones competitivas en el corto plazo.
El sector advierte que el tiempo para actuar se agota y que la concreción de proyectos en dos o tres años requiere empezar desde ahora, ya que la competencia global se limita a unos pocos países con capacidad para invertir en infraestructura digital avanzada. En caso de demora, Brasil corre el riesgo de perder proyectos relevantes a otros países latinoamericanos como Argentina y Paraguay, que también buscan posicionarse como hubs digitales.
Existe además una preocupación creciente por la ausencia de un sentido de urgencia en los ámbitos Ejecutivo, Legislativo y en la sociedad civil para entender las consecuencias que tendría para Brasil perder esta oportunidad estratégica. Entre los riesgos señalados está el aumento de la dependencia tecnológica de infraestructura digital extranjera, lo que comprometería la autonomía digital del país.
Un estudio de FGV Projetos sobre el impacto socioeconómico de consolidar a Brasil como un centro internacional de infraestructura digital, particularmente en el contexto de la inteligencia artificial, revela que un data center de gran escala puede aportar significativamente al PIB nacional. Sin embargo, para maximizar este beneficio, se requiere una agenda unificada y coordinada que evite la fragmentación entre sectores y promueva políticas integrales y urgentes.
El desafío para Brasil, por lo tanto, es acelerar la creación de un entorno competitivo mediante inversiones, regulaciones claras y coordinación multisectorial. Solo así podrá aprovechar la ventana de oportunidad para posicionarse como un actor relevante en un mercado en rápida expansión, que demanda cada vez más capacidad para procesar y almacenar datos en el ámbito global.