La nueva creación de Magy Ganiko despliega un lenguaje escénico que va más allá de la danza tradicional para explorar la mutación, el tiempo y el lenguaje a partir de la filosofía del I-Ching. Cada uno de los siete bailarines encarna un hexagrama, símbolo clave de este antiguo texto chino, y a través de esa representación la performance invoca conceptos como el «no-tiempo» y el «no-yo», convirtiendo el cuerpo en un territorio de transformación continua y fluida.
Esta propuesta se apoya en el Butoh-Moi, un sistema propio que Ganiko desarrolló durante casi una década de investigación psicofísica y que sintetiza su experiencia en Japón junto al maestro Kazuo Ohno, figura central del Butoh. De esta manera, la obra se arraiga profundamente en la tradición originaria del Butoh mientras incorpora un lenguaje contemporáneo que ha madurado en sus residencias en París y Buenos Aires. Desde 2012, su compañía ha construido un corpus escénico basado en el minimalismo barroco, un estilo que combina la precisión del detalle con la pureza formal.
El espectáculo, seleccionado por Prodanza, representa posiblemente el proyecto más ambicioso del recorrido artístico de Ganiko hasta la fecha. En él, la sincronía entre los intérpretes y la transformación constante del cuerpo plantean una interrogante sobre el devenir existencial, cuestionando la estabilidad de la identidad y el tiempo lineal.
En su recorrido previo, la Compañía Magy Ganiko ha presentado obras en espacios relevantes como la Bienal de Performance de la Fundación PROA, el Museo de Arte Oriental y en programas de mecenazgo artístico. Esta nueva propuesta se ampliará próximamente con funciones en el Mediterránea Teatro de Balvanera, fortaleciendo su huella en la escena porteña.
La dirección y coreografía corren por cuenta de Magy Ganiko, quien está acompañado en escena por siete intérpretes: Sabrina Sánchez, Victoria Morante, Ariel Canosa, Vladimir Hansen Ejarque, Germán David Rizo, Lucas Maíz y Abraham Zamudio. La musicalización integra voces y composiciones de Juan Sebastián Rizo junto al propio Ganiko, mientras que el vestuario y los objetos fueron diseñados por Maira Mariana Cristaldo, y la iluminación por Giorgio Zamboni.
