Ángel de Brito celebró sus 50 años con una gran fiesta en el Chateau de Puerto Madero, que reunió a numerosas personalidades del espectáculo local. Aunque la convocatoria fue masiva, varias ausencias destacadas generaron malestar en el conductor y desencadenaron una reacción crítica por parte de él.

La celebración contó con la presencia de figuras icónicas como Moria Casán y Georgina Barbarossa, además de diversos espectáculos musicales en vivo que ambientaron una velada que prometía ser inolvidable. Sin embargo, algunos invitados no pudieron asistir por motivos justificados, mientras que otros simplemente no respondieron a la invitación, lo que le valió a varios su ingreso a una lista de “desairados” personalmente señalada por de Brito.

Entre quienes no asistieron, el conductor destacó a Marixa Balli, afectada por un imprevisto familiar relacionado con el cuidado de su madre, y a Marcela Tauro, quien le explicó que decidió no asistir por vergüenza tras comentarios recientes. Adrián Pallares alegó problemas de agenda, ya que el cambio de fecha del evento coincidió con otro compromiso, y Adabel Guerrero comunicó su ausencia por una situación personal delicada. Alejandro Fantino fue considerado el más justificado, ya que atravesaba un problema familiar, mientras que María Laura Santillán se ausentó por un cuadro de salud que la dejó sin voz.

La molestia de de Brito se manifestó especialmente con quienes no respondieron la invitación. Señaló con dureza a Amalia Granata, reprochándole que ni siquiera contestó, lo que interpretó como una falta de respeto. Este gesto marcó una línea clara entre quienes se comunicaron de forma honesta y quienes ignoraron el acto de cortesía.

Esta situación abrió un debate en el ámbito del espectáculo local sobre las relaciones entre colegas y la importancia de la reciprocidad en eventos sociales, dejando en evidencia tensiones que acompañan la vida pública de estas figuras.