El Centro Cultural Recoleta abrió simultáneamente tres exposiciones que invitan a una experiencia multidisciplinaria entre literatura, memoria histórica y arte contemporáneo. Las muestras se desplegaron en sus principales salas, ofreciendo perspectivas diversas sobre la cultura argentina del último siglo.
En la sala Cronopios se lanzó “Borges: ecos de un nombre”, un homenaje integral que conmemora cuatro décadas de la muerte del escritor. Curada por Rodrigo Alonso, Daniel Fischery y Maximiliano Tomas, la exhibición propone una inmersión en la vida y obra de Jorge Luis Borges a partir de objetos personales, manuscritos originales y fotografías inéditas. Además, incluye una recreación del cuarto donde vivió en Plaza San Martín, una cronología completa, gigantografías y un holograma animado que revive al autor de “El Aleph”. Para los visitantes, dispone un espacio de lectura para acercarse directamente a sus textos.
Otro eje central es “Hijos de la Luna”, del artista Eduardo Molinari, que aborda las juventudes de los años setenta en medio del contexto político argentino. Con curaduría de Javier Villa, la exhibición analiza la intersección entre movimientos musicales, especialmente el rock, y la militancia revolucionaria durante la última dictadura. A través de materiales originales como revistas de época y gráfica clandestina, Molinari crea un relato visual que utiliza símbolos astrales como la luna y el sol para expresar la tensión entre contracultura y acción política. El recorrido patrimonial cubre desde los bombardeos a Plaza de Mayo en 1955 hasta el regreso de la democracia.
En la sala C, se presenta la primera muestra individual institucional de Liv Schulman en Buenos Aires, titulada “Entusiasmo público”. Con curaduría de Carla Barbero, la exposición reúne piezas realizadas desde 2011 que exploran el lenguaje como una herramienta política. Mediante ficciones documentales, performances y textos, Schulman reflexiona sobre cómo los discursos actuales moldean las experiencias sociales, los afectos y el deseo. Su trabajo se caracteriza por un uso constante del humor y el absurdo para revelar las estructuras de control presentes en la vida cotidiana.
Esta iniciativa conjunta en el Centro Cultural Recoleta constituye un diálogo entre pasado y presente, enlazando las dimensiones literaria, histórica y artística para ofrecer al público una mirada profunda y crítica sobre la cultura argentina reciente y contemporánea.