Argentina consiguió un triunfo sólido frente a Uruguay por 91-76 en Montevideo, a pesar de contar con escasos entrenamientos completos previos al partido. Lo más destacado fue la recuperación de Leandro Bolmaro, quien asumió un rol protagónico en los momentos decisivos y se posiciona como la referencia de una nueva generación que busca consolidarse en el equipo nacional.

Durante el encuentro, se evidenció la química entre Bolmaro, Facundo Campazzo y Gabriel Deck. Campazzo mantuvo la conducción del equipo, aunque en ocasiones retuvo excesivamente el balón; su sola presencia impone respeto en los rivales. Deck, por su parte, mantuvo su eficacia anotadora y movilidad sin balón, complementando el juego ofensivo. Nicolás Laprovittola no alcanzó su mejor ritmo, pero se destacó su capacidad de tiro y talento inherente, aportes que resultan imprescindibles para el plantel.

La llegada de jugadores con experiencia europea implicó un ajuste en los roles internos; Gonzalo Corbalán y Juan Fernández comenzaron desde el banco de suplentes, pero ambos demostraron solvencia y aportaron puntos clave en el último cuarto. Además, Juan Manuel Marcos mostró destellos de la evolución que lleva en Europa, evidenciando un crecimiento en su capacidad de liderazgo. El trabajo de Franco Cáffaro también fue relevante, especialmente en defensa, donde aprovechó su físico para proteger la pintura con solidez.

Sin embargo, el equipo todavía enfrenta dificultades en la regularidad defensiva. En los momentos en que la defensa fue consistente, la ofensiva fluyó con mayor claridad, pero cuando se produjeron distracciones, especialmente en el primer tiempo, las falencias en la defensa individual y en las ayudas permitieron que el rival se mantuviera competitivo. Este aspecto resulta clave para el salto de calidad que el conjunto pretende alcanzar, considerando el estilo físico de Uruguay que complicó la primera mitad del juego.

El análisis general indica que, pese a desconexiones colectivas y algunas individualidades forzadas, hubo un claro predominio argentino con jugadores que comienzan a consolidar su presencia y roles definidos. Este partido representa un punto de partida importante para continuar el trabajo durante las próximas ventanas internacionales, en las que se deberá reforzar la conexión entre las nuevas figuras y los jugadores experimentados, así como fortalecer la consistencia defensiva.