Correr durante la noche ofrece beneficios claros como aliviar el calor y reducir la tensión acumulada al final del día, sin afectar de manera significativa la calidad del sueño en adultos sanos. Según diversas revisiones científicas, la práctica de ejercicio intenso en horarios cercanos al momento de dormir puede alterar algunos ritmos fisiológicos, pero no provoca un deterioro notable en el descanso nocturno.
La evidencia recopilada por plataformas como PubMed y ScienceDirect indica que, aunque el ejercicio vigoroso realizado entre media hora y cuatro horas antes de acostarse puede disminuir la fase de sueño REM, no afecta negativamente el sueño no REM ni la eficiencia global del sueño. En general, los estudios no registraron diferencias significativas en la calidad del descanso entre ejercicios de alta intensidad y moderados.
Entrenar en horas nocturnas presenta ventajas físicas importantes. La temperatura corporal humana alcanza su pico entre las 17 y 20 horas, momento en que los músculos y las articulaciones están más preparados para el esfuerzo, lo que puede potenciar la eficiencia del movimiento y reducir el riesgo de lesiones. Además, correr de noche disminuye la exposición al calor, disminuye la probabilidad de sobrecalentamiento y deshidratación, y reduce la carga cardiovascular y muscular durante la sesión.
Desde el punto de vista del rendimiento, se observa que los corredores nocturnos suelen aguantar más tiempo y sienten menor sensación de esfuerzo. Esta mejora se relaciona con una mayor activación neuromuscular y una utilización más eficiente de las reservas de glucógeno. A nivel emocional, correr al final del día contribuye a reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que favorece un mejor estado de ánimo y una transición más relajada hacia el descanso.
En cuanto a los efectos fisiológicos sobre el sueño, la revisión sistemática que analizó nueve estudios con más de 200 participantes detectó un retraso en la liberación de melatonina y un aumento temporal de la temperatura central corporal después del ejercicio vespertino. No obstante, estos cambios no se tradujeron en alteraciones relevantes de la duración ni calidad del sueño.
Por último, se destaca que las sesiones breves y moderadas suelen favorecer la conciliación y profundidad del sueño, mientras que sólo la práctica intensa y prolongada en horarios muy próximos al momento de acostarse puede modificar el ritmo circadiano, aunque sin evidencia clara de un impacto perjudicial permanente.