La FIFA decidió levantar la sanción de un partido impuesta a Folarin Balogun tras su expulsión en octavos de final del Mundial por pisar a un rival, permitiendo que el delantero estadounidense pueda estar en el próximo encuentro contra Bélgica. Esta reversión se produjo tras una modificación del comité disciplinario que cambió la suspensión firme por una suspensión condicional con un período de prueba de un año.
La base legal para esta decisión es el artículo 27 del reglamento disciplinario de la FIFA, que otorga al órgano sancionador la facultad de suspender total o parcialmente la aplicación de una pena. Esta prerrogativa ya había beneficiado a figuras como Cristiano Ronaldo en situaciones similares, abriendo un precedente para replantear sanciones durante el torneo.
El movimiento despertó controversias al vincularse con una supuesta intervención política. Poco después del anuncio, el expresidente Donald Trump agradeció públicamente a la FIFA la corrección de la «injusticia», y medios especializados sugirieron que Trump habría presionado personalmente a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para conseguir la anulación. Además, figuras de la política estadounidense, como el Secretario de Estado Marco Rubio, manifestaron su disconformidad con la expulsión inicialmente aplicada a Balogun.
La Federación de Estados Unidos, que había aceptado inicialmente la sanción, celebró la resolución y el regreso de su jugador estrella, pero la decisión generó dudas sobre la imparcialidad de la entidad organizadora y la posible influencia política en la toma de decisiones deportivas en plena competencia.
El episodio abre un debate sobre los mecanismos disciplinarios en la FIFA y el límite entre justicia deportiva y favores de alto nivel, especialmente en un torneo donde la transparencia y la equidad son fundamentales. La selección de Bélgica, próxima rival de Estados Unidos, aparece como una de las más afectadas por esta controversial revocación.