La mención de Portugal en torneos internacionales suele traer a la memoria incidentes polémicos relacionados con la agresividad de sus jugadores. Uno de los eventos más recordados es la llamada «Batalla de Núremberg», en el Mundial de Alemania 2006, donde el enfrentamiento contra Países Bajos marcó un récord por la cantidad de tarjetas mostradas: 16 amarillas y 4 rojas. Esa violencia dejó una huella negativa en la historia de la Copa del Mundo y evidenció una conducta que FIFA tardó en sancionar adecuadamente.

Este antecedente se suma a otros momentos conflictivos a lo largo de las últimas décadas, como la expulsión del año 2002 durante el Mundial Corea-Japón tras un altercado con el árbitro, o los incidentes de la Eurocopa 2000 donde hubo empujones e insultos graves al cuerpo arbitral, sancionados por la UEFA. Además, tanto la selección mayor como la sub-20 han protagonizado escándalos y actos de indisciplina sin que las sanciones hayan sido contundentes ni reiteradas.

El caso del defensor Pepe es otro ejemplo emblemático. En Brasil 2014 protagonizó un cabezazo contra Thomas Müller cuando el alemán estaba en el piso. Ya en Sudáfrica 2010 mostró episodios de dureza excesiva, como las agresiones a Felipe Melo y otros rivales. Sin embargo, en los Mundiales posteriores, 2018 y 2022, la selección portuguesa logró mantener un perfil más contenido gracias a la estricta vigilancia arbitral.

En el Mundial que se está disputando ahora, el ambiente también se ha visto tensionado por la conducta de figuras como Cristiano Ronaldo, quien protagonizó una expulsión poco común en las eliminatorias tras un codazo al irlandés Dara O’Shea. Durante el reciente encuentro entre RD Congo y Portugal, el árbitro Abdulrahman Al-Jassim tomó una postura preventiva y sancionó rápidamente faltas graves, amonestando a jugadores como Bernardo Silva y a defensores portugueses que mostraron señales de violencia ante el empate.

Este contexto, marcado también por temas de racismo que afectan al torneo, hace que la atención sobre el comportamiento de Portugal en el campo esté más alerta que nunca. La historia reciente y los recientes episodios plantean un desafío para la selección lusitana, que debe equilibrar su competitividad con el respeto a la deportividad y las reglas.