El final del acuerdo de amortiguación impulsado por YPF deja abierta la puerta a posibles aumentos en los precios de naftas y gasoil en Argentina. Tras 45 días de vigencia, este acuerdo —que permitía contener la incidencia de la suba internacional del crudo y evitar incrementos abruptos en las estaciones de servicio— concluye este lunes con una reunión clave entre las principales petroleras del país para decidir el nuevo esquema de precios.
En ese encuentro participarán compañías como YPF, Shell, Axion Energy y Puma Energy, entre otras, que deberán evaluar si trasladan a los surtidores el impacto combinado de la reciente actualización impositiva y la evolución del mercado internacional del petróleo. Desde el 1 de mayo se aplica un aumento en los impuestos sobre combustibles líquidos y dióxido de carbono, lo que representa un incremento aproximado de $11 por litro, elevando la carga tributaria sobre las naftas.
En cuanto al mercado internacional, el precio del barril Brent ha mostrado una tendencia a la baja tras el inicio de negociaciones entre Estados Unidos e Irán, con una caída cercana al 10% en los últimos días, situándose actualmente alrededor de los USD 104 por barril. No obstante, este valor sigue lejos de los niveles previos al conflicto internacional, que se acercaban a los USD 60, y la incertidumbre global continúa presionando sobre el mercado local.
El acuerdo que finaliza este lunes había tomado como referencia el valor del barril en marzo, cercano a los USD 70, permitiendo que la diferencia entre ese valor y los picos superiores registrados desde entonces quedara registrada para compensarse en caso de bajar el precio del crudo. El fin de este mecanismo genera expectativas sobre un posible traslado completo o parcial de los costos al consumidor final.
Analistas del sector advierten que si las petroleras deciden incorporar la totalidad del aumento tributario y ajustan los precios conforme a las fluctuaciones internacionales, la nafta súper podría superar los $2.000 por litro en la Ciudad de Buenos Aires. Mientras tanto, el consumo interno de combustibles muestra signos de retracción, reflejado en una caída de las ventas que ya se evidenció en marzo, lo que podría influir en la decisión de las empresas al definir el nuevo precio de los combustibles.
