Argentina se prepara para iniciar la construcción del primer gasoducto dedicado a la exportación de gas natural licuado (GNL), que unirá Vaca Muerta, la principal reserva de hidrocarburos no convencionales, con el Golfo San Matías, frente a la costa de Río Negro. Este corredor energético de 472 kilómetros permitirá transportar gas desde las áreas de extracción hasta dos buques licuadores planificados para operar cerca de Las Grutas.

El proyecto denominado “Gasoducto Dedicado Tratayén – San Antonio Oeste”, a cargo de Southern Energy, prevé comenzar las obras en mayo de 2026 con un plazo de ejecución aproximado de dos años. La infraestructura cruzará las provincias de Neuquén y Río Negro, integrándose a una red más amplia que busca ampliar los volúmenes de exportación hacia mercados internacionales.

Esta iniciativa llega a su fase de audiencia pública, un trámite administrativo fijado para analizar sus posibles impactos y definir aspectos regulatorios antes de la ejecución. Sin embargo, uno de los principales cuestionamientos que enfrenta es la evaluación ambiental fragmentada, realizada por separado para cada provincia, sin un estudio integral que aborde el gasoducto como una obra única y con efectos acumulativos.

La falta de una Evaluación Ambiental Estratégica interjurisdiccional limita la comprensión de los riesgos sobre ecosistemas, cuencas hídricas y comunidades locales, incluyendo pueblos indígenas que se encuentran a lo largo de la traza. El proyecto prevé atravesar zonas sensibles, pero los análisis sectoriales dificultan un debate completo sobre sus posibles consecuencias socioambientales.

La infraestructura forma parte de un engranaje mayor que incluye no solo el transporte, sino también procesos de compresión, licuefacción y exportación del gas extraído en Vaca Muerta. Se espera que la terminal de San Antonio Oeste cuente con dos buques licuadores que facilitarán el envío del gas en estado líquido a mercados internacionales, fortaleciendo la posición de Argentina en el negocio global de hidrocarburos.

Si bien el despliegue de esta obra inaugura una nueva etapa para la exportación energética del país, también refleja las tensiones internas derivadas de la desigualdad en el acceso y distribución de energía. Además, el avance implica presiones crecientes sobre territorios que ya enfrentan desafíos ambientales y sociales derivados de la industrialización de gas no convencional.