Una cata a ciegas reveló las múltiples variantes que puede presentar la miel de la Patagonia, con diferencias evidentes en color, aroma, textura y sabor, que dependen de las flores visitadas por las abejas. La actividad se realizó en el Instituto Nacional Tecnológico Agropecuario (INTA) de Bariloche, donde los asistentes probaron mieles sin conocer su origen y luego pudieron elegir y comprar directamente a los productores, sin intermediarios.
La iniciativa se organizó en el marco de la Semana de la Miel 2026, una campaña nacional para promover el consumo interno de este producto, cuyo consumo en Argentina es bajo en comparación con otros países. El INTA destacó el rol exportador del país, que envía al exterior la gran mayoría de su producción, dejando solo una pequeña fracción para el mercado interno, equivalente a unos 200 gramos por habitante al año.
Los productores que participaron en la cata proceden de diversas zonas del noroeste patagónico, incluyendo el norte de Neuquén, Zapala, Plottier, Bariloche y la Comarca Andina. Antes del evento, las mieles fueron analizadas en un laboratorio especializado para determinar su perfil botánico y ofrecer a los productores herramientas que faciliten la mejora continua de la calidad.
La variedad de mieles se explicó por las diferencias de origen floral que marcan las características finales. Incluso un mismo productor puede obtener distintas mieles a lo largo de la temporada al cambiar las fuentes de polen, distinguiéndose aromas más frutales o notas amargas, así como texturas que van de suaves a rugosas según el tamaño de los cristales de azúcar presentes.
Se acordó un precio estable para la venta directa durante la feria: medio kilo de miel costaba 8.000 pesos. Esta modalidad de comercialización favorece a los productores al evitar intermediarios y fortalece la relación con consumidores interesados en productos locales y diferenciados.