La emblemática empresa fabricante de vidrio templado Duralex volverá a solicitar su colocación en sindicatura ante el tribunal de comercio, un trámite que refleja la delicada situación financiera que atraviesa. Con una plantilla de más de doscientos empleados, la fábrica ubicada en La Chapelle-Saint-Mesmin enfrenta graves problemas de liquidez y solo pudo abonar parcialmente los salarios recientes.

Esta será la quinta vez en dos décadas que Duralex atraviesa un proceso de recuperación judicial, una señal clara del persistente deterioro económico de la compañía. Una fuente cercana calificó la situación como “sombría”, denunció una gestión que define como “catastrófica” y afirmó que la empresa se encuentra atrapada en un callejón sin salida financiero.

La delicada realidad se evidenció aún más cuando el Ministerio de Economía confirmó la realización de una auditoría sobre el flujo de caja de Duralex, iniciado a pedido del Estado debido a sus finanzas ajustadas. Esta revisión llegó pocos meses después de una gran campaña de recaudación de fondos, en la que la empresa logró captar importantes promesas de inversión para su recuperación.

Sin embargo, la salida del líder de la cooperativa, François Marciano, y la sustitución por Peggy Sadier, generaron incertidumbre interna y externa. Marciano y su hijo, quien ejercía como director financiero, fueron despedidos luego de intentar establecer objetivos ambiciosos de incremento en la facturación para los próximos años, metas que algunos expertos calificaron de difíciles o insostenibles.

La fábrica mantiene un fuerte vínculo con sus empleados, ya que aproximadamente el 60% de ellos invirtió en la cooperativa que sostiene la empresa, junto con apoyo financiero regional. No obstante, esa participación no ha sido suficiente para evitar la crisis actual ni para disipar las dudas sobre el futuro inmediato de Duralex.