El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), concebido como un mecanismo para atraer capitales extranjeros mediante beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios, no logró dinamizar la economía como estaba previsto. Ante este fracaso, la administración nacional optó por crear el denominado Super RIGI, una versión más radical que incrementa las concesiones y flexibiliza aún más la regulación sin modificar el modelo de fondo.
A diferencia del RIGI original, que ya planteaba exenciones fiscales amplias y libre acceso a divisas, el Super RIGI amplía las áreas elegibles para estos beneficios, relaja los controles ambientales y extiende los plazos para la entrega de recursos estratégicos. Esta profundización busca atraer inversiones que hasta ahora se resistieron debido a la falta de seguridad jurídica, un factor clave para el capital internacional más allá de las exenciones fiscales.
Sin embargo, la estrategia genera dudas sobre su eficacia real. Si la primera versión del régimen fue insuficiente para estimular el desarrollo productivo, reforzar sus mismas características sin cambios estructurales puede resultar contraproducente. El Super RIGI facilita la importación de insumos sin aranceles y reduce los incentivos para fortalecer los encadenamientos productivos locales, lo que podría perjudicar a las pequeñas y medianas empresas nacionales, que sostienen gran parte del empleo genuino.
El riesgo es que este esquema fortalezca únicamente a sectores concentrados y extractivistas, profundizando la desigualdad entre grandes corporaciones y el tejido productivo doméstico. Así, la economía real no se impulsa con medidas que privilegian la desregulación y la flexibilización indiscriminada, sino que demanda reformas que reconozcan y fortalezcan las bases de la producción local.
Este enfoque refleja una visión gubernamental que apuesta por regulaciones de excepción como solución a problemas estructurales complejos. Mientras los incentivos no se acompañen de seguridad jurídica robusta y medidas que garanticen diversidad y autonomía productiva, el llamado Super RIGI podría terminar siendo otra promesa incumplida dentro del marco de las estrategias económicas oficiales.