La economía argentina atraviesa un periodo de debilitamiento que podría hacer de 2026 un año más complicado que 2025, según un informe reciente de la gerencia de estudios económicos de Banco Provincia. El análisis destaca patrones erráticos y una tendencia general a la baja, afectando variables fundamentales como el salario real, el empleo y el crédito, en un contexto marcado por la apreciación cambiaria y una mayor competencia de productos importados.
En los últimos meses, la actividad económica mostró una recuperación intermitente: tras registrar un crecimiento en diciembre, volvió a caer en enero y febrero antes de recuperarse en marzo. Sin embargo, datos del Índice de Producción Industrial indicaron una caída del 2% y la actividad en la construcción se redujo aún más, con un retroceso cercano al 4%. Los indicadores sectoriales y de consumo sugieren que en abril la actividad cedió y en mayo se observaron señales mixtas.
Desde el lado de la demanda, el informe advierte que el salario real privado registrado se redujo un 5% entre agosto del año pasado y marzo de 2026, mientras que el sector público experimentó una caída del 4,5%. En cuanto al empleo, se destruyeron alrededor de 120.000 puestos asalariados en el último año, tanto en el sector privado como en el público. A pesar de que la creación de 85.000 empleos informales como monotributistas compensó parcialmente esta pérdida, la masa salarial disponible disminuyó, restringiendo la capacidad de consumo.
En paralelo, el crédito destinado a empresas y hogares se redujo un 4,5% de enero a mayo de 2026. La volatilidad en las tasas de interés, las modificaciones regulatorias recientes y un aumento en la oferta de títulos públicos con rendimiento variable disminuyeron la liquidez en el sector privado, que se trasladó hacia el sector público. Además, la cantidad de personas en situación de morosidad creció en 2 millones entre julio del año anterior y marzo de este año, alcanzando 6,8 millones de deudores irregulares.
En términos de oferta, un factor determinante ha sido la apreciación cambiaria, con una reducción del tipo de cambio real cercana al 13% en la primera mitad del año, lo que favorece la entrada de importaciones y presiona a la industria nacional. La flexibilización en las importaciones de bienes finales profundizó la contracción del mercado interno, afectando a sectores estratégicos y agravando la dinámica negativa de la economía.