El cierre de fábricas y despidos masivos marcan el difícil momento que atraviesa la industria cervecera argentina. En días recientes, empresas emblemáticas y distribuidoras clave anunciaron la reducción o cese total de sus operaciones, provocando un impacto directo en cientos de trabajadores.
Uno de los casos más recientes es el de Gulliver, una marca artesanal con más de una década en el mercado que tuvo que cesar sus actividades ante una producción que cayó al 20% de su capacidad habitual. El dueño indicó que, pese a haber sobrevivido a la pandemia y a la inflación, el deterioro constante del consumo masivo resultó insostenible para la empresa. Como consecuencia, doce empleados perdieron sus puestos de trabajo.
Al día siguiente, el golpe fue aún más duro con el cierre abrupto de Express Beer, distribuidora con más de 25 años de relación con Cervecería y Maltería Quilmes. La empresa anunció la cesación de pagos y el cierre de su planta en La Matanza, dejando sin empleo a 220 choferes, algunos con más de dos décadas de antigüedad. Se desconoce aún la situación de sus indemnizaciones y liquidaciones, lo que motivó al Sindicato de Camioneros a declarar estado de emergencia y avanzar con acciones gremiales y legales. El contexto se tornó complejo porque entre los despedidos figura el hijo menor del líder sindical, quien actuaba como delegado dentro de la empresa. Por su parte, Quilmes se desvinculó de las responsabilidades laborales de Express Beer, asegurando haber cumplido con su parte del contrato.
Los grandes actores de la industria tampoco permanecen inmunes. Cervecería y Maltería Quilmes redujo drásticamente la plantilla en su planta de Zárate, pasando de 260 a 80 trabajadores a través de retiros voluntarios, además de limitar la producción a solo un turno diario. Sus ventas habrían retrocedido alrededor de un 45%, afectando sus operaciones a gran escala.
En el sector artesanal, cadenas como Antares enfrentan también dificultades severas. En lo que va del año, cerraron sucursales históricas, como el local de más de dos décadas en Playa Grande y el de La Plata fundado en 2005, reflejando el impacto de la crisis en un segmento tradicionalmente en crecimiento.
El contexto general responde a una fuerte caída del consumo interno, estimada cercana al 35% en los últimos dos años. La reducción está vinculada principalmente a la pérdida del poder adquisitivo de las familias argentinas, que ha afectado sus hábitos de compra y privilegiado productos esenciales sobre los recreativos como la cerveza. Este escenario desafía a toda la cadena productiva, desde grandes industrializadores hasta pequeños fabricantes artesanales, y obliga a replantear estrategias para la sobrevivencia de un sector históricamente dinámico.