El Congreso avanzó con la media sanción de un nuevo régimen diseñado para captar inversiones millonarias en industrias de frontera tecnológica. Este régimen, conocido como Súper RIGI, busca fortalecer la industrialización en áreas emergentes como litio, uranio, biotecnología, baterías, energías renovables, semiconductores e inteligencia artificial.

La iniciativa establece que para acceder a los beneficios se requiere un monto mínimo de inversión muy superior al actual, con un piso fijado en mil millones de dólares, mientras que el régimen anterior exigía inversiones a partir de 200 millones. Con esta medida, el Estado busca asegurar proyectos de gran escala vinculados a sectores aún en etapa experimental o directamente inexistentes en el país.

El régimen ofrece una serie de incentivos fiscales y aduaneros: una reducción del impuesto a las Ganancias al 15%, amortización acelerada de inversiones, certificados fiscales para el pago de IVA y contribuciones patronales con una tasa única del 10%, además de la posibilidad de deducir quebrantos sin límite temporal. Los dividendos provenientes de estas inversiones estarán gravados inicialmente con un impuesto del 7%, que luego podrá bajar al 3,5% tras cuatro años de adhesión.

En materia aduanera y cambiaria, el régimen elimina derechos de importación y exportación, y suprime restricciones o cupos para operar. También incluye un horizonte de estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria por un período inicial de 30 años. Respecto al manejo de divisas, los inversores podrán disponer del 100% de los dólares exportados a partir del tercer año, lo cual facilita la repatriación de capitales.

Este nuevo marco se diferencia claramente del anterior RIGI, que tenía una duración limitada de dos años y estaba abierto a proyectos preexistentes, muchos ligados a recursos naturales o infraestructura. El Súper RIGI es mucho más restrictivo y excluye esas actividades, enfocándose en sectores tecnológicos de alto impacto nacional y global.