Contrario al consenso internacional que asocia la baja natalidad con estancamiento económico, un nuevo estudio demuestra que los países con tasas más bajas de nacimientos experimentaron un crecimiento económico más rápido durante las últimas décadas. Este análisis, realizado por el Nobel de Economía Daron Acemoglu y destacados economistas del MIT y la London Business School, examina una base de datos de más de cien países entre 1950 y 2020, así como cientos de mercados laborales locales en Estados Unidos.
La clave del estudio radica en analizar las tasas de natalidad con un desfase de 20 años, es decir, midiendo la generación que llega al mercado laboral dos décadas después del nacimiento. Así, los autores descartan el efecto distorsivo de las migraciones y se concentran en el impacto real de las cohortes nacidas. La conclusión es contundente: un punto porcentual menor en la tasa de natalidad en un momento dado se asocia décadas después con un PIB per cápita significativo e incluso con un aumento de casi 27% en el producto por adulto en edad laboral.
Un dato ilustrativo del estudio compara a Estados Unidos y México, donde la natalidad 1,6 puntos menor en 1950 en el primer país explica buena parte de la diferencia en sus tasas de crecimiento económico en el siguiente medio siglo. Pese a la reducción de la población activa, el producto bruto total no disminuye, fenómeno que atribuyen a una compensación via mejoras en la productividad por trabajador.
Los investigadores examinan una a una las hipótesis clásicas para explicar este fenómeno y las descartan: no se trata de una mayor inversión educativa por menor tamaño familiar, ni del incremento de la participación laboral femenina, ni de un cambio estructural hacia la industria en desmedro de la agricultura. Tampoco el modelo clásico de acumulación de capital explica el resultado, ya que la caída en la población no coincide con una disminución del capital productivo.
El estudio sugiere que la disminución de la fuerza laboral impulsa a las economías a acelerar la adopción tecnológica y la automatización para mantener o aumentar la producción con menos empleados. Esta escasez relativa de trabajadores funciona como un motor para la innovación y la eficiencia, revirtiendo la idea de que el envejecimiento y el descenso de nacimientos son solo un lastre económico.