El terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio provocó una catástrofe de enormes proporciones, con un último reporte oficial que confirma 2.954 muertos y más de 16.500 heridos. La crisis humanitaria se acentúa aún más ante la inquietante estimación de la ONU, que calcula la posibilidad de hasta 50.000 personas desaparecidas bajo los escombros.

El balance oficial refleja un aumento crítico en víctimas y daños estructurales en un solo día, con más de 300 fallecidos y casi 4.000 heridos adicionales respecto al informe anterior. La devastación se extiende también a la infraestructura, donde más de 16.000 personas quedaron sin hogar tras el colapso total de sus viviendas y al menos 856 edificios sufrieron daños estructurales graves.

La región más afectada es el estado costero de La Guaira, epicentro del sismo que alcanzó magnitudes de 7,2 y 7,5 en la escala de Richter. Esta zona, situada a unos 40 kilómetros de la capital, quedó severamente destruida, con barrios enteros convertidos en ruinas y miles de habitantes desplazados a refugios improvisados al aire libre.

Caracas, aunque también damnificada con derrumbes en varios edificios, sufrió daños mucho menos extensos en comparación con La Guaira. Mientras tanto, la respuesta para localizar supervivientes continúa, aunque las labores de rescate atraviesan una etapa crítica tras el plazo máximo previsto para hallar personas con vida.

Se registró un milagro cuando un hombre fue rescatado con vida luego de permanecer ocho días atrapado bajo los escombros, pero la esperanza se diluye a medida que las tareas de remoción avanzan. Varias brigadas internacionales, incluyendo equipos de Estados Unidos y Chile, iniciaron su retirada y dejaron las operaciones finales en manos de rescatistas venezolanos.