El crecimiento económico de Estados Unidos registró una notable desaceleración en el primer trimestre, con el Producto Interno Bruto (PIB) ajustado a la baja a un 1,6% anualizado, por debajo del 2% estimado inicialmente. Esta revisión fue divulgada por la Oficina de Análisis Económico y refleja una sobrestimación previa en el gasto de los consumidores y las inversiones.

Al mismo tiempo, la inflación se aceleró alcanzando un 3,8% interanual en abril, niveles no vistos en casi tres años. Este aumento se atribuye principalmente a la subida en los precios de la gasolina, vinculada al conflicto bélico en la región de Irán. A pesar del incremento, las autoridades de Washington sostienen que este fenómeno será temporal y que la inflación comenzará a ceder, apoyándose también en una tasa de desempleo contenida en torno al 4,3%.

En paralelo, los ingresos disponibles de los hogares estadounidenses mostraron un deterioro, ya que los salarios crecieron a un ritmo inferior al de la inflación, lo que redujo el poder adquisitivo real. La tasa de ahorro se redujo al 2,6% en abril, frente al 3,2% del mes precedente, generando preocupación sobre la sostenibilidad de las finanzas domésticas en el mediano plazo.

Los analistas destacan además una pérdida de dinamismo en el mercado laboral. El ritmo de contrataciones y aumentos salariales se ralentiza, y la economía hoy depende fundamentalmente de tres sectores específicos: los hogares con mayores ingresos, las inversiones en tecnologías de inteligencia artificial y la valorización de activos financieros. Esta concentración oculta debilidades estructurales, como la caída en el consumo general y la persistente fragilidad del sector inmobiliario.

El mercado de viviendas nuevas mostró una disminución significativa en abril, contrariando las expectativas oficiales que preveían mejoras. Los potenciales compradores enfrentan el desafío de precios elevados, mayores tasas de interés y una capacidad de endeudamiento reducida, lo que ha frenado la demanda inmobiliaria. Actualmente, la tasa promedio de los préstamos hipotecarios a 30 años se sitúa en torno al 6,53%, un nivel que encarece notablemente la inversión en vivienda.

Estos datos económicos reflejan una economía estadounidense que se enfría en varios frentes claves, poniendo en tensión la estabilidad financiera de los hogares y la sustentabilidad del crecimiento en el corto plazo, a pesar de los discursos oficiales que intentan proyectar confianza y solidez.