Un importante ataque con drones ucranianos impactó en Moscú, causando incendios y heridas a varias personas, incluyendo niños. El ataque, calificado por fuentes rusas como el mayor contra la capital en más de dos años, afectó una refinería de Gazpromneft en el distrito de Kapotnia, al sureste de la ciudad.

El ataque ocurrió en una jornada en que el presidente ruso Vladimir Putin recibía a altos mandatarios asiáticos en Kazán para una cumbre centrada en mantener los envíos de hidrocarburos rusos hacia Asia. Este contexto subraya la tensión entre los intereses diplomáticos de Rusia y las acciones militares ucranianas.

Según el gobernador local, al menos 17 personas resultaron heridas en el ataque, dos de ellas niños. En respuesta, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky justificó el golpe asegurando que buscaba que la población rusa comprenda que la responsabilidad de la guerra recae en Putin. Añadió que Ucrania nunca quiso la guerra, pero advirtió que si Ucrania sufre, Moscú también lo hará.

El intercambio de prisioneros y restos mortales entre ambos países continúa siendo un punto delicado. Ucrania recibió los cuerpos de 522 combatientes ucranianos fallecidos en manos rusas, mientras que Rusia informó haber recibido 33 cadáveres, cifra que no ha sido confirmada por Kiev. Estas entregas son uno de los pocos acuerdos logrados en medio del conflicto actual.

La reacción de Moscú ante el ataque se tradujo en amenazas de nuevas represalias masivas contra objetivos militares ucranianos. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, asumió públicamente la responsabilidad de responder al ataque, aunque Putin omitió mencionarlo en sus declaraciones durante la cumbre en Kazán.