El gobierno del Reino Unido modificó su estrategia energética para permitir la importación de ciertos productos derivados del petróleo ruso, así como gas natural licuado (GNL), a través de licencias específicas que flexibilizan las restricciones previas impuestas por el conflicto en Ucrania.

Esta decisión incluye dos licencias comerciales: una que autoriza la entrada de diésel y combustible de aviación refinados en terceros países como India y Turquía, y otra que permite importar GNL desde las terminales rusas de Yamal y Sakhalin 2. La medida responde principalmente a las dificultades crecientes para mantener el abastecimiento energético a precios razonables, afectado por las sanciones y el entorno geopolítico.

Tras el anuncio, sectores opositores y medios conservadores criticaron duramente la medida, acusando al primer ministro Keir Starmer de ceder ante Rusia. Sin embargo, desde Downing Street defendieron el cambio como una acción necesaria para garantizar la estabilidad del suministro y evitar mayores costos para consumidores, aerolíneas e industrias locales.

La licencia para diésel y combustible Jet A1 no tiene un límite temporal definido, aunque el gobierno indicó que sujetará esta flexibilidad a revisiones periódicas. La continuidad de esta autorización podría extenderse en el tiempo, dado que el sistema británico de sanciones históricamente mantiene las flexibilizaciones en marcha.

Por otro lado, la autorización para la importación de GNL ruso tiene un alcance menor en el mercado interno, puesto que antes del conflicto el Reino Unido apenas dependía de este recurso desde Rusia. En cambio, esta medida parece responder a una estrategia de alineamiento con la política energética europea y a la búsqueda de fortalecer relaciones económicas con la Unión Europea.

Este movimiento británico coincide con un permiso similar prorrogado por Estados Unidos, lo que señala una coordinación estratégica para enfrentar la volatilidad y los desafíos en los mercados energéticos globales.