Venezuela enfrenta las consecuencias de un doble terremoto que sacudió el país y dejó un saldo oficial de 4.561 personas fallecidas. Los sismos, de magnitud 7,1 y 7,4, afectaron principalmente a Caracas y La Guaira, provocando daños estructurales graves y desatando una crisis humanitaria sin precedentes.

Desde el 24 de junio, se han registrado más de mil réplicas, que complican las labores de recuperación y rescate. Las autoridades mantienen operativo un registro único de viviendas para evaluar la situación de las familias afectadas y adecuar la asistencia en los campamentos transitorios donde se alojan miles de personas.

En medio del desastre, la respuesta internacional ha sido clave. México, Estados Unidos, Brasil y España instalaron hospitales de campaña, mientras Rusia aportó insumos a través de un avión con ayuda humanitaria. Argentina también envió un equipo de rescate para colaborar en la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros. Los voluntarios y equipos de emergencia superan los 30.000 en las zonas más golpeadas, intensificando las tareas en un terreno complicado por las réplicas continuas.

La dimensión del desastre se refleja también en los números de desaparecidos: más de 29.800 personas siguen sin ser localizadas oficialmente. Hasta el momento, más de 128.000 familias han recibido atención y se cuentan más de 20.000 personas alojadas en campamentos improvisados y refugios auxiliares dispuestos en varias regiones.

El panorama en Venezuela continúa siendo delicado ante la persistencia de réplicas y la magnitud de la emergencia social y sanitaria que demanda una coordinación constante entre autoridades nacionales, organizaciones internacionales y la comunidad afectada.