Bruno Retailleau se presentó ante miles de simpatizantes en el Parque Floral de París, donde aseguró que su meta es «levantar a Francia» y colocarla «bien» tras la administración de Emmanuel Macron. Con el respaldo de unas 6.000 personas que desafiaron el calor, el candidato de Los Republicanos intentó insuflar energía a una campaña presidencial que, hasta entonces, parecía estancada en los sondeos.
En un discurso centrado en la defensa de las clases medias y las empresas, Retailleau criticó con dureza al partido oficialista Renacimiento, al que calificó de despreciar al pueblo francés. Se distanció de las políticas macronistas, habitualmente asociadas a un enfoque liberal y globalizador, y atacó directamente al portavoz Gabriel Attal, cuestionando su lema «tú rompes, tú reparas» como una medida insuficiente para la seguridad ciudadana frente a situaciones de violencia.
En paralelo, el candidato fustigó a Jean-Luc Mélenchon y a La France insoumise, denunciando un «nuevo antisemitismo» vinculado al «islamoizquierdismo», una acusación que forma parte de un debate vigente en la política francesa sobre la influencia de ciertas corrientes radicales en la izquierda. Mélenchon, por su parte, pidió frenar ese tipo de confrontaciones y priorizar la discusión política en campaña.
La presencia destacada del escritor franco-argelino Boualem Sansal, quien anunció que probablemente votará por Retailleau, aportó un matiz simbólico a la reunión. Sansal, autor reconocido por su crítica a los regímenes autoritarios en el mundo árabe, fue definido por Retailleau como «una leyenda». El candidato también aprovechó para reclamar la liberación del periodista Christophe Gleize, detenido en Argelia, lo que subrayó su compromiso con la defensa de los derechos humanos y la libertad de prensa en la esfera internacional.
Con esta estrategia, Retailleau busca posicionarse como la alternativa conservadora frente a otros posibles candidatos de derecha, como Édouard Philippe, favorito en las encuestas. El líder republicano intentó mostrarse distante de los «dioses» políticos, en clara alusión al estilo presidencialista de Macron, y enfatizó su apego a la proximidad con el pueblo y al orden público.