La permanencia de Manuel Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete enfrenta un clima cada vez más hostil dentro del Gobierno, donde varios sectores coinciden en que su continuidad ya no es viable. La creciente presión política y judicial complica su sostén y abre paso a un posible reemplazo en un contexto que se prevé agitado para los próximos días.

Entre los motivos centrales que alimentan esta crisis se destaca la convocatoria a indagatoria que deberá afrontar por parte del fiscal general Gerardo Pollicita, un escenario que genera malestar interno y sumó fuerza a quienes ya pedían su salida. Aunque no se espera un relevo inmediato, algunos funcionarios sostienen que no debería mantenerse en el cargo más allá del próximo fin de semana.

El escenario se complica más porque dos de los principales grupos con influencia dentro del oficialismo—los alineados con Santiago Caputo y los del sector de Karina Milei—perciben que sostener a Adorni representa un costo político demasiado alto. Este debate interno tomó relevancia tras los últimos avances legislativos, como la aprobación en Diputados del Súper-RIGI y el pago a holdouts, que por ahora posponen una crisis abierta con pedidos de interpelación.

En paralelo, desde el ala más cercana a Karina Milei, se afirmó que la llave para cualquier cambio en la Jefatura de Gabinete la tiene exclusivamente Milei, quien ya advirtió que no toleraría que Adorni enfrente un procesamiento judicial sin consecuencias políticas. Esta postura marcó un giro respecto a declaraciones previas del Presidente, que por primera vez dejó abierta la posibilidad de una renovación en el cargo.

No obstante, dentro del mismo sector hay voces discrepantes sobre la inmediatez de la salida, con algunos señalando que precipitar la decisión podría ser contraproducente. De todos modos, la tendencia mayoritaria considera a Adorni fuertemente debilitado y que el impacto negativo de mantenerlo supera cualquier beneficio.

Este ambiente interno sugiere que el Gobierno se prepara para un fin de semana de definiciones, con la mirada puesta en lograr un consenso sobre el sucesor que logre estabilizar la relación con el Congreso y los aliados políticos, mientras se gestionan las tensiones causadas por los conflictos legales y la pérdida de respaldo de algunos sectores fundamentales dentro del oficialismo.