El directorio del Fondo Monetario Internacional respaldó la segunda revisión del acuerdo con Argentina y habilitó un desembolso por 1.000 millones de dólares que ingresarán pronto a las reservas del Banco Central. Este respaldo financiero refuerza la confianza en el programa económico implementado por el gobierno de Javier Milei y su ministro de Economía.

En su comunicado oficial, el FMI destacó las reformas fiscales, laborales y comerciales impulsadas por la administración argentina, las cuales mejoraron la percepción de los mercados y fortalecieron la acumulación de reservas internacionales. A pesar de estos avances, el organismo admitió que el desempeño del programa fue irregular hacia finales de 2025 y que no se logró la meta estipulada para las reservas netas.

Sin embargo, la directora del FMI reconoció la orientación "pro mercado" del plan, aunque formuló nuevas demandas para el Gobierno. Entre las exigencias sobresalen mayores recortes en subsidios energéticos, una reforma tributaria profunda y modificaciones en el sistema previsional. Además, pidió un ajuste más severo del gasto público en provincias y municipios, junto con la continuidad en la contención del gasto discrecional.

El organismo también señaló la importancia de asegurar un acceso sostenible a los mercados internacionales de deuda, en un contexto global complicado y con alta volatilidad. En ese marco, valoró la política de compras de divisas del Banco Central, que gracias a acuerdos con bancos, empresas y organismos estatales logró acumular más de 8.800 millones de dólares durante el año, y recomendó acelerar este proceso manteniendo la flexibilidad cambiaria para fortalecer las reservas y disminuir el riesgo país.

Aunque el FMI respaldó explícitamente la estrategia económica, advirtió que persisten vulnerabilidades estructurales en la economía argentina. Mencionó que la incertidumbre política afectó el crecimiento económico y la reducción de la inflación, y enfatizó la necesidad de continuar el ajuste para garantizar el pago de la deuda y recuperar el financiamiento externo.

En paralelo, el impacto social del plan se refleja en la caída del consumo, la pérdida de empleo y el deterioro del poder adquisitivo en sectores amplios de la población, aspectos que contrastan con la celebración del nuevo desembolso en los mercados financieros.