El Palacio de Versalles, histórico símbolo del poder francés, conserva su función como escenario privilegiado para la diplomacia internacional, aunque la recepción de Donald Trump anunciada para esta semana no será una cena de gala tradicional, según aclaró Emmanuel Macron. Pese a ello, la elección del lugar apunta a subrayar la importancia de la relación bilateral entre Francia y Estados Unidos.

Versalles ha acogido a varios jefes de Estado desde su incorporación a la vida pública en la Tercera República, con visitas emblemáticas de figuras como el zar Nicolás II, la reina Isabel II y presidentes estadounidenses como John F. Kennedy. Aunque el uso del palacio para actos oficiales fluctuó con el tiempo, fue Charles de Gaulle quien institucionalizó su uso en la diplomacia al establecer en los años 60 el Trianon como zona de residencia para dignatarios extranjeros y organizar grandes cenas, reforzando el estatus del lugar como espacio ceremonial.

Sin embargo, a partir de la llegada de François Mitterrand, el formato de las visitas oficiales se transformó. Las reuniones diplomáticas se redujeron en tiempo y se centralizaron en París, en espacios como el Palacio del Elíseo, embajadas y ministerios, dejando en segundo plano a Versalles. Aun así, la elección de este palacio para recibir a ciertas personalidades refleja una estrategia diplomática orientada a ofrecer lo mejor de Francia, demostrando respeto y deseo de mantener vínculos privilegiados.