La reciente confirmación en el Juzgado Federal N° 3 de Córdoba sobre la identificación de 17 personas desaparecidas durante la última dictadura militar despertó una fuerte carga emocional entre familiares y allegados. Estos resultados responden al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en la zona conocida como “Loma del Torito”, dentro de la Guarnición Militar de La Calera.
Entre los relatos más conmovedores estuvo el de Luis Eduardo Navarro, hermano de uno de los desaparecidos, quien recordó el doloroso camino de búsqueda y las repetidas negativas oficiales. Navarro recordó que durante décadas les decían que «si no había cuerpo, no había delito», una expresión que refleja la estrategia de impunidad utilizada por el terrorismo de Estado para ocultar pruebas y negar justicia.
Tras la confirmación de los restos de su hermano, Navarro destacó la posibilidad de exigir justicia con dignidad y renovó el pedido de castigo para los responsables. Además, reivindicó la identidad política de las víctimas, describiéndolas como «jóvenes, obreros y estudiantes» que combatieron la dictadura, y valoró la esperanza que abre este avance para encontrar más desaparecidos y continuar rompiendo el silencio de casi cinco décadas.
Otro testimonio que impactó fue el de Ernesto, hijo de un detenido desaparecido que nació poco después del secuestro de su padre. Tras años en el extranjero y la pérdida de su madre, Ernesto expresó el dolor de no haber podido estar con su familia y cómo, sin saberlo, miraba cada noche hacia la zona donde fueron encontrados los restos. Su relato refleja el vínculo personal y la necesidad de memoria que atraviesa a las nuevas generaciones afectadas por aquellos hechos.
Por último, la voz de Carlos Torres, hermano de un desaparecido secuestrado hace cincuenta años, puso el foco en el significado político del hallazgo. Para Torres, la recuperación de los restos sirve como un mensaje de militancia y memoria activa, un llamado a no olvidar ni dejar impunes los crímenes del pasado.
