A pocos meses de las elecciones de mitad de período en Estados Unidos, Donald Trump intensificó su retórica contra el comunismo, situándolo como la principal amenaza para el país. Durante un discurso en el Monte Rushmore, el expresidente advirtió sobre un resurgimiento de “la amenaza comunista” vinculándolo a sectores progresistas y a los recientes resultados dentro del Partido Demócrata.
Trump responsabilizó a ciertos candidatos demócratas de izquierda y a nuevos sectores migratorios que, según él, adoptan ideas contrarias al estilo de vida estadounidense. Esta estrategia retórica, que busca relacionar movimientos progresistas con el comunismo, es conocida como “red baiting” y ha sido empleada históricamente para generar miedo y división política.
Expertos señalan que esta táctica, usada por Trump también durante la campaña presidencial, persigue principalmente explotar las tensiones internas entre el ala moderada y la progresista del Partido Demócrata. El expresidente ha acusado sin pruebas a figuras demócratas de tener inclinaciones marxistas o comunistas, buscando galvanizar a un público tradicionalmente adverso a estas ideologías.
El historiador Julián Zelizer señala que esta asociación entre la izquierda y el comunismo forma parte de una tradición que remonta a la Primera Guerra Mundial y el macartismo. Por su parte, el politólogo Thomas Zeitzoff indica que la relevancia electoral de esta estrategia es incierta, considerando que la Guerra Fría terminó hace más de tres décadas y que los jóvenes votantes priorizan otras preocupaciones.
Esta ofensiva retórica también tiene un componente práctico: dividir a los demócratas y debilitar el apoyo hacia los candidatos progresistas en las internas. La aparición de figuras como Zohran Mamdani, identificado con el Partido Demócrata-Socialista y reciente alcalde en Nueva York, ha sido vinculada al “peligro comunista” según Trump, en un intento por crear alarma entre su electorado.
Mientras la estrategia de Trump busca consolidar su base a través del miedo y la polarización, analistas advierten que su atractivo puede ser más limitado frente a un electorado joven y suburbano que enfrenta desafíos económicos como el acceso a la vivienda y el empleo.