Bernardo Carricart señaló que muchas críticas dirigidas a la psiquiatría nacen de un prejuicio ideológico que ignora la evolución y los logros de la especialidad, especialmente en relación con los avances farmacológicos. En una entrevista para CoNverSo, el médico defendió el uso responsable de los psicofármacos como una herramienta central en la mejora de la calidad de vida de los pacientes con trastornos mentales.

El médico recalcó que el rechazo a la medicación psiquiátrica a menudo se basa en una interpretación errónea de la legislación que parece desconfianza hacia el rol del psiquiatra y sus tratamientos. Comentó que no existen leyes similares en otras áreas de la medicina que especifiquen limitaciones tan directas con respecto a las herramientas quirúrgicas, puesto que la regulación penal ya regula malus usos. De este modo, expresó que las reglas que apuntan a la psiquiatría reflejan un prejuicio particular.

Carricart también rechazó la idea de que los psiquiatras actúen con intereses alineados con la industria farmacéutica, una suposición que, según él, alimenta la desconfianza social hacia la especialidad. Subrayó que mucho antes de la legislación actual, ya existían modelos de atención interdisciplinaria y apertura en los hospitales psiquiátricos, pero fue la incorporación de los psicofármacos, desde la década del ’50, lo que produjo un impacto decisivo.

Resaltó que la introducción masiva de medicamentos estabilizadores y antidepresivos permitió una transformación profunda: pacientes que antes quedaban internados largos períodos pudieron comenzar a ser resocializados y continuar sus tratamientos fuera del hospital. Este cambio fue acompañado de estrategias sociales y terapéuticas complementarias, como la laborterapia y los equipos interdisciplinarios.

De esta forma, Carricart defendió que la medicación no debe ser vista como un método para mantener a los pacientes internados, sino como un avance que facilitó reducir esas internaciones prolongadas y apoyó su reinserción social. Criticó a la corriente llamada «antipsiquiatría» por desconocer estos progresos y perpetuar una visión negativa sobre los fármacos y la profesión.