La tokenización de activos promete revolucionar la estructura del sistema financiero global, aunque sin eliminar completamente el papel de las instituciones tradicionales. Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) plantea que, lejos de una desintermediación total, el futuro será un modelo híbrido en el que la automatización mediante tecnología blockchain convivirá con entidades reguladas encargadas de asegurar la gobernanza y el cumplimiento normativo.

El trabajo, titulado Financial Market Infrastructures Evolution in a Tokenized Economy, analiza cómo la combinación de contratos inteligentes y tecnología de registros distribuidos (DLT) podría transformar funciones clave, como el registro de activos, la liquidación de operaciones y la administración de garantías. Estas tareas, tradicionalmente lentas y con costos elevados, podrían migrar a plataformas blockchain que agilicen procesos, disminuyan riesgos manuales y reduzcan intermediarios.

Sin embargo, el documento subraya que ciertas responsabilidades jurídicas y de supervisión, como la resolución de conflictos, la aplicación de normativas, la gestión de incumplimientos y la supervisión prudencial, seguirán demandando intervención humana y estructura institucional. Por eso, insiste en la necesidad de mantener un equilibrio entre innovación tecnológica y regulación tradicional.

El FMI identifica tres modelos posibles para esta transición tecnológica. El primero propone una infraestructura totalmente integrada en una sola blockchain, donde todas las fases de emisión, negociación, compensación y liquidación se gestionan en un único registro distribuido. El segundo plantea un libro común que permite compartir información entre diferentes actores pero con registros propios para ciertos activos. El tercero, y el más probable según el FMI, consiste en múltiples blockchains interoperables conectadas a través de protocolos que facilitan la coordinación entre sistemas heterogéneos, permitiendo así una migración gradual desde la infraestructura vigente.

Entre las ventajas más destacadas del nuevo esquema figura la posibilidad de liquidaciones casi instantáneas mediante contratos inteligentes, que automatizan pagos y transferencias eliminando demoras tradicionales. Esto podría optimizar significativamente el funcionamiento de los mercados financieros, mejorando la eficiencia sin sacrificar la supervisión ni la responsabilidad legal que las autoridades deben garantizar.