El barril de petróleo cruzó la barrera de US$125, marcando su cotización más alta desde el comienzo del conflicto en Medio Oriente. El incremento refleja la creciente incertidumbre en los mercados energéticos ante la posibilidad de que se prolongue un bloqueo en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más críticas para el comercio mundial de crudo.

El temor a una interrupción sostenida del suministro a través del Estrecho de Ormuz impulsa la escalada de precios. Esta vía acuática representa un cuello de botella fundamental para las exportaciones de petróleo a nivel internacional, y cualquier restricción significativa en su circulación genera presiones inmediatas en los mercados globales de energía.

El movimiento alcista del crudo responde a dinámicas geopolíticas que condicionan las expectativas de los operadores sobre disponibilidad futura de reservas. Los inversores ajustan sus posiciones considerando escenarios de escasez potencial, lo que amplifica la volatilidad en un mercado ya sensible a noticias sobre la región.