El hallazgo de pinturas rupestres y vestigios materiales en las cuevas del centro de Neuquén despertó un importante interés arqueológico en la región. Todo comenzó cuando una vecina detectó posibles restos durante un paseo, lo que motivó a las autoridades de Patrimonio Cultural a conformar una expedición para investigar el sitio.
El equipo encabezado por la arqueóloga Silvana Quilodrán comprobó que no solo se trataba de cavidades naturales, sino que las paredes estaban decoradas con pinturas en rojo, blanco y negro, acompañadas por grabados sobre piedra. Además, se encontraron numerosos materiales en superficie, como fragmentos líticos, cerámica, manos de moler y restos óseos faunísticos, que evidencian antiguos asentamientos humanos.
Las cuevas ya habían sido registradas por espeleólogos años atrás, pero carecían de un estudio arqueológico y patrimonial. Este nuevo relevamiento busca no solo fechar las pinturas —que preliminarmente no superarían los mil años— sino también descubrir datos sobre las comunidades que habitaron o transitaron la zona, sus hábitos alimenticios y las posibles narrativas que transmitían a través del arte.
El material analizado incluye herramientas vinculadas al procesamiento de alimentos y recursos animales, como puntas de proyectil, raspadores y elementos para molienda, lo que sugiere actividades de caza, desposte de carne y tratamiento de cuero. Estos objetos aportan pistas sobre la vida cotidiana de los antiguos pobladores.
Desde Patrimonio Cultural recordaron que el lugar está amparado por la ley provincial que protege el patrimonio histórico, arqueológico y paleontológico. Por el momento, no existen condiciones de seguridad ni planes oficiales para abrir el sitio al público, y se alertó sobre los riesgos de daños y saqueos. Se subrayó la importancia de no remover ni alterar ninguna pieza arqueológica, ya que el contexto donde se hallan resulta fundamental para preservar la información histórica.