Pedro Ignacio Calderón, una figura emblemática de la dirección orquestal argentina, falleció dejando una huella imborrable en la música nacional. Reconocido por su prolífica carrera en la que combinó la música clásica con géneros populares, Calderón mantuvo vigente su pasión hasta los últimos años acompañado de la violinista Haydée Seibert.

Inició su camino en la música en Entre Ríos, destacándose desde joven en piano y composición. A los 15 años debutó oficialmente como director de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y en poco tiempo accedió a puestos de relevancia como director de la Orquesta Sinfónica de Radio Nacional y, posteriormente, director estable de la Orquesta Sinfónica Nacional, cargo que ejerció durante más de dos décadas en el Teatro Colón.

Su formación incluyó influencias decisivas, como el curso con Hermann Scherchen en Buenos Aires y la enseñanza de Vicente Scaramuzza y Alberto Ginastera. Además, obtuvo gran reconocimiento internacional tras ganar el primer premio en el Concurso Internacional Dimitri Mitropoulos en Nueva York, que le abrió las puertas para trabajar junto a Leonard Bernstein.

Calderón fue un innovador en la música argentina al fundar en 1966 el Ensamble Musical de Buenos Aires, un proyecto destinado a fusionar la música clásica con estilos populares como el tango y el rock. Entre sus trabajos sobresalientes está la dirección orquestal del álbum «La Biblia» de Vox Dei, ejemplo claro de su visión inclusiva.

Además de su aporte artístico, Calderón colaboró con el cine nacional, dirigiendo bandas sonoras de películas emblemáticas como El santo de la espada y La vuelta de Martín Fierro. Su trayectoria fue reconocida con distinciones como el premio Konex de Platino y el título de Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Con su partida, Argentina pierde a uno de los principales impulsores de la dirección orquestal nacional, cuya influencia sigue vigente y será recordada en próximos homenajes que celebrarán su legado.