En Béganne, un pequeño pueblo francés, el primer parque eólico gestionado por la comunidad lleva más de una década produciendo electricidad y generando beneficios para sus habitantes. Este modelo de energía renovable no solo permite generar energía limpia, sino que también distribuye las ganancias entre los inversores locales, lo que diferencia estos proyectos de los parques eólicos gestionados por empresas privadas.

La empresa Bégawatts, que administra el parque de Béganne, prevé repartir una suma significativa entre sus accionistas y reservar fondos para mantenimiento e inversiones futuras. Este proyecto involucra a casi 800 vecinos que decidieron apostar por la energía eólica como una alternativa de inversión frente a herramientas financieras convencionales como seguros o bolsa. Sin embargo, la rentabilidad no es el único incentivo: para muchos, invertir supone un compromiso con la transición energética y el desarrollo local.

Uno de los desafíos de este tipo de inversiones es el riesgo asociado. Según el presidente voluntario de Bégawatts, quienes entraron en el proyecto en sus inicios corrieron un riesgo mayor, pero también obtienen retornos mucho más altos que quienes se sumaron posteriormente. Algunos inversores aportaron sumas importantes, conscientes de la posibilidad de perder su inversión si el parque no lograba la aprobación o un contrato de compra favorable. En Béganne, el proyecto cumplió con todos los requisitos sin apelaciones y cuenta con un contrato lucrativo de compra de energía a quince años.

Además de las ganancias individuales, estos proyectos aportan recursos valiosos a las comunidades locales. Por ejemplo, la comunidad de municipios vinculada al parque recibió un ingreso considerable que destinó a financiar iniciativas sociales y solidarias dentro del territorio. Así, el dinero queda circulando en la economía local en lugar de ir a manos de fondos extranjeros o grandes corporaciones, lo que representa un beneficio adicional intangible para la región.

El modelo ha inspirado otros proyectos similares en Francia, que continúan expandiéndose hacia nuevas zonas ventosas del país. Estas iniciativas buscan mantener tanto la producción energética sostenible como los beneficios económicos de la comunidad, aunque exigen paciencia, compromiso y aceptación de riesgos por parte de los inversores.