La emblemática iglesia y santuario Nuestra Señora del Rosario, situada en Nueva Pompeya, enfrenta hoy un problema estructural que preocupa a la comunidad local. Una grieta en uno de los cuatro pináculos de su torre principal obliga a montar andamios para proteger la fachada y comenzar trabajos de reparación. La fisura, atribuida a la oxidación interna del hierro, refleja los desafíos que enfrenta la conservación de edificios centenarios en la Ciudad de Buenos Aires.
La empresa encargada de la restauración, FLH Vitrales, informó que las obras se financiarán con recursos provenientes de la parroquia y el apoyo de los vecinos. A pesar del deterioro puntual, especialistas señalaron que la estructura general se mantiene sólida, lo que genera tranquilidad en los fieles y habitantes del barrio que asisten regularmente al santuario.
Este templo no solo posee un valor arquitectónico destacado, sino que su ubicación estratégica lo convierte en un faro cultural indispensable para la zona sur. Miles de personas transitan a diario por el Centro de Trasbordo Avenida Sáenz, a pocos metros del edificio, lo que subraya la relevancia de preservar este patrimonio, que articula historia, identidad y memoria del barrio.
La iglesia fue diseñada por Augusto César Ferrari, un arquitecto italiano cuyo estilo se caracteriza por la técnica del "panorama". Ferrari dejó una huella importante en distintas construcciones religiosas argentinas, combinando innovación y tradición en sus obras. Este hecho otorga a la iglesia un valor histórico singular dentro del legado arquitectónico porteño y nacional.
A la relevancia arquitectónica se suma el vínculo artístico que une a Ferrari con su hijo, León Ferrari, reconocido artista plástico cuyas obras desafiaron convenciones y provocaron debates en la cultura argentina. Esta relación paterno-filial enriquece el significado del santuario, transformándolo en un símbolo de herencia cultural y creatividad transmitida entre generaciones.
El proceso de restauración que se inicia no solo busca reparar los daños visibles, sino también preservar una construcción que encarna la historia y la esencia cultural de Nueva Pompeya. La intervención representa un compromiso con el patrimonio y un gesto de respeto hacia la identidad del barrio y sus habitantes.