Mar de las Pampas, uno de los destinos más emblemáticos de la costa atlántica argentina, se destacó en la selección de la ONU para integrar los "Best Tourism Villages", un certamen que premia pueblos con un modelo turístico sostenible y respetuoso con su entorno natural. Esta localidad del partido de Villa Gesell fue elegida entre decenas de postulantes por su enfoque de desarrollo que prioriza la conservación ambiental por sobre la expansión urbanística desmedida.
A diferencia de muchos balnearios tradicionales, Mar de las Pampas preservó su fisonomía original mediante un crecimiento orgánico que respeta la configuración natural de médanos y bosques. El trazado de sus calles sinuosas evita las avenidas anchas y concentraciones masivas, lo que contribuye a mantener un ambiente tranquilo y en armonía con la naturaleza. Un aspecto fundamental que valoraron los jurados es el cuidado del frente costero: no existe una avenida costanera, sino que el acceso a la playa se realiza exclusivamente por senderos peatonales que evitan el impacto urbano en las dunas y permiten conservar su paisaje dunícola.
El bosque implantado sobre las dunas constituye otro sello distintivo del pueblo y representa un equilibrio único entre la actividad humana y la dinámica natural. Esta convivencia armoniosa se transformó en una imagen reconocible y central para la identidad local, que con el tiempo se volvió un atractivo ambiental fundamental. Para quienes impulsaron la candidatura, la postulación representa una apuesta colectiva con visión de futuro, apoyada por vecinos, emprendedores, instituciones y autoridades públicas.
El programa Best Tourism Villages de la ONU distingue comunidades que integran turismo con protección ambiental y cultural y que fomentan el desarrollo económico local de forma sostenible. En ese marco, Mar de las Pampas es un ejemplo que rompe con el paradigma habitual del desarrollo turístico basado en la construcción masiva y la explotación intensiva, para avanzar hacia un modelo que prioriza la calidad de vida y el contacto con la naturaleza.
En definitiva, el reconocimiento internacional no solo realza las virtudes del destino sino que también invita a repensar el turismo en la costa atlántica argentina, mostrando que conservar el paisaje y respetar el entorno puede ser un camino viable y valorado globalmente para el crecimiento económico y social.