En un país que vive en permanente tensión política y social, la voz de Nero Lividgi emerge como un puente entre la memoria afroperuana y las nuevas formas de resistencia cultural. Desde San Luis de Cañete, en la costa peruana, este rapero despliega un discurso que combina la rabia, la celebración y la reflexión, construyendo un mapa emocional que recorre las heridas y también las fortalezas de su identidad.

Su trabajo musical no solo denuncia las reiteradas crisis políticas y la amenaza de un posible regreso de la derecha más conservadora, sino que también muestra la fragilidad de la escena musical local. Según Nero, la falta de una industria sólida y la desconexión entre los artistas y su público han limitado el impacto cultural interno, mientras que la censura en los años 90 todavía resuena en la desconfianza hacia el arte comprometido. En medio de estas circunstancias, el rap se vuelve un vehículo para contar aquellas historias que los medios convencionales evaden o manipulan.

El álbum Los de verdad nunca mueren encapsula estas tensiones desde un lugar muy íntimo y territorial. La obra refleja el recorrido de un joven afroperuano que comienza con bronca frente a la injusticia y termina abrazando la complejidad de su identidad múltiple, la mezcla cultural y la necesidad de comprenderse a sí mismo y a su historia.

Para Nero, la música es más que un género: es un espacio para tender puentes entre generaciones, entre géneros y entre memorias diversas. Esa federación de experiencias es la que permite resistir no solo los embates políticos sino también la invisibilización cultural que padecen muchos artistas en Perú. Esto contrasta con la figura internacionalmente reconocida de artistas como Susana Baca, quienes fuera del país son más valorados que dentro de su propio territorio.

En diálogo con referentes de la cultura peruana, Nero ha manifestado preocupación por las elecciones, donde la presencia de fuerzas vinculadas a la era fujimorista vuelve a ser un eje de incertidumbre. Expresa que la izquierda, pese a haber alcanzado el poder en dos ocasiones, no pudo sostenerse por el peso del antiguo sistema político que la desplaza. Este ciclo pone al país en una encrucijada y reitera la urgencia de un arte que enfrente estas realidades sin miedo.

Además de la crítica política, Nero resalta la importancia de rescatar y celebrar la raíz afroperuana, que a través del baile y la música se convierte en una forma de libertad. Su obra, en síntesis, invita a escuchar ese Perú profundo que no aparece en las noticias y que resiste desde el barrio y el cuerpo, consolidando una narrativa de verdad que persiste pese a las distracciones mediáticas.