En una vivienda de Carabanchel, el estudio MOCA rehabilitó un piso de 110 metros cuadrados con la intención de rescatar la memoria y los valores arquitectónicos propios de los años 70, preservando la autenticidad del espacio y adaptándolo a una estética actual. La reforma se basa en mantener la configuración original, propia de un modelo residencial que privilegiaba la ventilación cruzada, la iluminación natural y una clara relación con el exterior.

La intervención no alteró la distribución ni los límites espaciales, sino que transformó la percepción del interior a través de una continuidad visual lograda mediante un pavimento de microcemento extendido y una unificación en el tratamiento de los paramentos. Esta estrategia eliminó jerarquías y creó una secuencia fluida entre los ambientes, donde las vigas y pilares de hormigón quedaron expuestos como testigos visibles de la estructura y el paso del tiempo.

El proyecto conserva materiales y elementos originales que definen la identidad del hogar: baldosas cerámicas, ventanas de aluminio, toldos verdes, radiadores de fundición y muebles de madera se mantienen activos dentro del nuevo diseño. La carpintería y el mobiliario fijo están realizados en madera de pino desenrollado, un recurso económico que aporta calidez sin artificios. Por otro lado, la cocina introduce acero inoxidable como contrapunto técnico y funcional, respetando la coherencia material del conjunto.

Este enfoque se aleja de soluciones decorativas superfluas y privilegia la autenticidad, con materiales que envejecen sin perder su carácter. La rehabilitación reinterpreta el lenguaje doméstico de la periferia madrileña durante los 70, donde las terrazas amplias funcionaban como espacios habitables y la calidad ambiental era prioridad, recuperando esas cualidades en clave contemporánea.

De esta manera, la vivienda en Carabanchel retoma su historia sin borrarla, y reescribe su identidad mediante una edición cuidadosa de su patrimonio arquitectónico y constructivo.