La selección argentina consiguió el pase a las semifinales tras vencer a Suiza por 3-1 en la prórroga, un encuentro que volvió a poner sobre la mesa las polémicas en torno al arbitraje y al uso del VAR en esta Copa Mundial.
El momento clave del partido fue la expulsión del suizo Breel Embolo, sancionado tras una revisión en video que revirtió inicialmente una tarjeta amarilla mostrada a Leandro Paredes. El árbitro Joao Pinheiro corrigió la amonestación tras comprobar que Embolo simuló una falta, lo que provocó que recibiera su segunda tarjeta amarilla y, por ende, fuera expulsado. Esta decisión, ajustada a las nuevas reglas del VAR que permiten penalizar con la segunda amonestación luego de una revisión, fue motivo de discusión entre los jugadores y aficionados suizos.
El cuerpo técnico helvético manifestó su descontento con el arbitraje, denunciando un trato favorable hacia los argentinos y cuestionando varias jugadas no sancionadas durante el partido. Según el entrenador Murat Yakin, las decisiones arbitrales influyeron en el resultado final y generaron un fuerte malestar en su equipo, que sintió que el árbitro castigó errores que no cometieron.
Argentina llegó a este partido tras una intensa serie de desafíos en etapas anteriores, incluyendo una victoria en tiempo extra contra Cabo Verde y una remontada en los últimos minutos frente a Egipto que resaltó la capacidad de resiliencia del equipo, especialmente bajo el liderazgo de Lionel Messi y el aporte de sus reservas.
Estas situaciones reflejan la transformación arbitraria que vive el fútbol internacional, donde el VAR amplía sus funciones y puede intervenir en decisiones relacionadas no solo con tarjetas rojas directas, sino también con acumulación de amonestaciones y corrección de sanciones erróneas. Sin embargo, esta mayor intervención tecnológica también expone a las controversias y al debate público sobre la interpretación y aplicación de las reglas durante partidos decisivos.