El aumento constante en la mora de los créditos destinados a familias y el recurso recurrente a planes de pago para cubrir deudas frenan cualquier intento de recuperación del consumo en Argentina. Esta dinámica afecta la actividad económica, que muestra señales de estancamiento y desaceleración. Aunque los bancos implementan medidas para facilitar los pagos atrasados, estas no generan estímulos para la demanda sino que sólo permiten cumplir con compromisos previos.

Los datos oficiales reflejan un escenario complejo: la pérdida del poder adquisitivo continúa erosionando el salario real tanto del sector privado como del público hasta bien entrado 2026, con un desgaste acumulado que oscila entre tres y más de veinte puntos según las mediciones utilizadas. De esta manera, aunque la economía registre crecimientos marginales a nivel general, la capacidad de compra y consumo está nuevamente en retroceso.

La caída reciente en la producción industrial y las bajas en las ventas minoristas confirman esta situación. En mayo, la producción manufacturera registró una caída interanual sustancial, y el índice de ventas minoristas para junio marcó una reducción tanto mensual como acumulada en el año. Las ventas se concentran en productos esenciales, como los farmacéuticos, que muestran crecimiento, mientras que categorías básicas como alimentos y artículos de perfumería, indumentaria y bazar experimentan retrocesos importantes.

Estos indicadores reflejan que el consumo se limita a necesidades indispensables, evidenciando dificultades para que los hogares satisfagan otros gastos considerados secundarios. La economía, condicionada por la creciente deuda de las familias y la erosión del poder de compra, enfrenta un escenario en el que los planes contra la mora actúan más como un paliativo para evitar incumplimientos que como un motor de mayor dinamismo económico.