En medio de la diversidad y la tradición del hockey sobre hielo, el Mundial 2026 ha transformado el ambiente en ciudades canadienses como Vancouver y Toronto, donde el fútbol acapara la atención. Anabella Ripi, una argentina que vive en Alberta desde hace casi 18 años, narró cómo el evento deportivo moviliza tanto a locales como a inmigrantes de distintos orígenes.
Ripi explicó que Canadá, país con una población mayoritariamente inmigrante y multicultural, registra un creciente interés por el fútbol debido a la cantidad de partidos que se disputan en su territorio. En esta edición, se juegan 13 encuentros en suelo canadiense, lo que ha impulsado que en comercios y espacios públicos florezca una amplia variedad de productos oficiales del Mundial para todas las edades, algo que nunca antes se había visto a esta escala.
Sobre las sedes, destacó que el estadio de Toronto ha sido renovado y dotado de servicios de lujo, con bares y restaurantes que priorizan la comodidad, un sello distintivo en Canadá. Sin embargo, reconoció que aunque las instalaciones son modernas, su capacidad no iguala a otros escenarios emblemáticos del fútbol mundial, como el Estadio Azteca en México.
La pasión futbolística de Anabella no solo se refleja en su entusiasmo personal, sino también en la tradición que transmite a su familia. Aunque sus hijas nacieron en Canadá y su marido es neerlandés, todos comparten la misma camiseta y apoyo por la selección argentina. A pesar de vivir lejos, la conexión con su país de origen permanece férrea, y la familia aprovecha el Mundial para seguir sus raíces y celebrar el deporte en conjunto.
Para Anabella, la experiencia de vivir fuera no ha sido sencilla y ha requerido años de adaptación y trabajo emocional, pero la participación anual de su familia en visitas a Argentina mantiene viva esa necesidad de estar presente en su país. En el hogar, el Mundial es un momento especial donde se combina el recuerdo, la identidad y la nueva vida en Canadá, alimentando una pasión que va más allá de las fronteras.