La renovación del contrato de Ignacio Lago en Colón representa mucho más que un ajuste salarial. El club debió diseñar un acuerdo estratégico para evitar una situación de riesgo económico vinculada a la relación contractual y la distribución de la ficha del jugador con Talleres de Córdoba.

Lago llegó a Colón cedido a préstamo desde Talleres, con una opción de compra favorable que el club ejerció incluso tras la grave lesión que sufrió el futbolista en la rodilla. Esa apuesta por la recuperación reafirmó el valor que le daban a Lago, quien tras su vuelta al campo recuperó protagonismo y se transformó en una pieza clave del equipo.

Sin embargo, la dirigencia enfrentaba un problema contractual no resuelto: el vínculo del jugador permanecía sin actualizar después de la compra de la ficha. Según el presidente José Alonso, el salario inicial era “prácticamente avergonzante” para el rendimiento que ofrecía Lago, y se le había prometido un aumento. Más allá de la valoración deportiva, la mayor preocupación era evitar que el jugador quedara libre y generara un perjuicio económico. Talleres mantiene el 50% de la ficha y contaba con cláusulas que podrían implicar pagos millonarios si Lago se liberaba sin negociar.

Dada esta compleja situación, la renovación incluyó un aumento salarial significativo para Lago, así como nuevas cláusulas contractuales que le otorgan privilegios y reparten parte de los futuros beneficios económicos en caso de transferencia. Este acuerdo busca proteger a Colón frente a eventuales pérdidas y consolidar al jugador dentro del club, aunque no garantiza una futura venta millonaria, considerando que ya existe un porcentaje dividido y que el mercado de jugadores de la Primera Nacional no suele generar grandes cifras.