Marruecos ya no es una revelación del fútbol mundial, sino una selección que aspira a competir entre las potencias. El avance a semifinales en el Mundial de Qatar marcó un antes y un después que los propios protagonistas reconocen como el inicio de una nueva era para los Atlas Lions.
Tras eliminar a Canadá en octavos de final, Mohamed Ouahbi destacó el orgullo de no ser una sorpresa y la expectativa de continuar este camino de crecimiento en los próximos años. La elevada posición en el ranking FIFA respalda este avance y presenta a Marruecos como un equipo difícil de subestimar, incluso frente a selecciones tradicionales como Francia.
Este cambio de estatus no ha ocurrido de la noche a la mañana. Fue impulsado por la ambición desde los primeros días del ciclo iniciado por Walid Regragui, quien subrayó los objetivos claros de disputar y ganar el Mundial. La experiencia acumulada en 2022, pese a la derrota en semifinales, dejó lecciones significativas, ya que las lesiones limitaron la capacidad de la escuadra en momentos clave. Ahora, con su plantilla al completo, Marruecos presenta un equipo fortalecido tanto en defensa como en ataque.
Los jugadores clave como Hakimi y Brahim Díaz han mostrado un nivel sobresaliente, aportando velocidad, creatividad y solidez. La sólida dupla en el medio campo y la fiabilidad del arquero Yacine Bounou refuerzan la estructura del equipo, mientras que la ofensiva sigue buscando mayor contundencia, algo que ha ido mejorando con la suma de goles en el torneo más reciente.
El exdirector de la Academia Mohamed VI, Nasser Larguet, destacó que el equipo ha madurado rápidamente y que las lesiones fueron un obstáculo importante en Qatar. Hoy, los futbolistas marroquíes cuentan con la fortaleza física y mental para enfrentarse a cualquier rival en la élite del fútbol mundial.
El mensaje que impulsa al equipo es claro: Marruecos confía en su capacidad de levantar la Copa del Mundo y no ve su avance de 2022 como un hecho fortuito sino como el inicio de un proyecto sólido y competitivo a largo plazo. La convicción de que pueden aspirar al título mundial suma confianza y obliga a los adversarios a tenerlos en cuenta como un contendiente serio en las próximas competiciones.