Los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela provocaron una tragedia de gran magnitud, con la cifra oficial de muertos que superó los 4.400. Las autoridades confirmaron que el incremento en el número de fallecidos se debe al avance en la remoción de escombros tras los movimientos sísmicos de magnitud 7,2 y 7,5. Además, más de 16.700 personas resultaron heridas.

El estado costero de La Guaira quedó especialmente afectado, registrando el colapso total de 190 edificaciones y daños severos en más de 850 estructuras. Este nivel de destrucción dejó a casi 18.000 habitantes sin techo y amplió la emergencia habitacional en la región.

Ante esta situación, aproximadamente 20.000 personas viven actualmente en campamentos provisionales en espera de una solución definitiva. El Gobierno calcula que será necesario construir unas 25.000 viviendas para atender a las familias afectadas. Para financiar esta reconstrucción, se llevan a cabo negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) con la intención de acceder rápidamente a los activos financieros bloqueados del país.

Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó un llamado global para reunir cerca de 300 millones de dólares y así poder afrontar la crisis humanitaria y reparar la infraestructura dañada. La ONU señaló que la ya complicada situación económica venezolana limita la capacidad estatal para responder eficazmente a la catástrofe.

La angustia persiste en la población debido a réplicas recientes, entre ellas un temblor de magnitud 3,9 cuyo epicentro estuvo cerca de Naiguatá. Aunque no causó daños ni víctimas, generó evacuaciones preventivas en Caracas y zonas aledañas, manteniendo alto el nivel de alarma tras el desastre principal.