La eliminación de Boca Juniors de la Copa Libertadores desembocó en una reunión clave entre el presidente Juan Román Riquelme y el plantel, que se dio inmediatamente después del partido contra Universidad Católica. El equipo no logró generar situaciones claras y se quedó sin goles en un partido decisivo, una derrota que desembocó en su pase a la Copa Sudamericana durante el segundo semestre.

Riquelme, visiblemente molesto desde los minutos finales del encuentro, decidió bajar al vestuario para transmitir su análisis y diálogo directo con los jugadores. La charla duró cerca de 20 minutos y evidenció un cambio en el tono respecto a conversaciones previas, en las que el dirigente había respaldado al equipo tras encuentros con mejores rendimientos, aunque envueltos en polémicas arbitrales.

El malestar no solo se generó por el resultado, sino también por la pobre imagen que mostró Boca en un escenario tan crucial. La Bombonera estuvo cargada de tensión y nervios, y el conjunto xeneize nunca logró poner en aprietos a su rival. Además, la eliminación se suma a un semestre complicado que incluyó la derrota en el Torneo Apertura y el fin de ciclo próximo de Claudio Úbeda como entrenador, ya que no renovará su contrato.

Este encuentro marcó un punto de inflexión simbólico para el equipo, ya que luego del parate por el Mundial el plantel tendrá tiempo para analizar su situación y rearmarse de cara a los nuevos desafíos. El inicio de la segunda mitad del año implicará la participación de Boca en la Copa Sudamericana, donde deberán ajustar su rendimiento para recomponer el camino tras un semestre con resultados adversos.