El Banco Central modificó las reglas que limitaban el otorgamiento de préstamos en dólares, permitiendo ahora que las instituciones financieras concedan créditos a empresas o personas que no formen parte del sector exportador, siempre que cuenten con la garantía de una empresa que efectivamente opere con divisas extranjeras. Esta medida amplía las posibilidades del financiamiento en moneda extranjera y apunta a estimular la actividad económica.

Esta flexibilización implica que, por ejemplo, un banco podrá otorgar un préstamo en dólares a una pyme del transporte si esta tiene el respaldo de un agroexportador, que es quien aporta la capacidad real para generar los dólares necesarios para el repago.

En el ámbito de la vivienda, el Gobierno estudia aplicar esta normativa para facilitar créditos en dólares a desarrolladores inmobiliarios que puedan usar esos fondos para la adquisición de tierras y la construcción de obras, con tasas cercanas al 8% anual. Paralelamente, los compradores recibirían créditos ajustados por UVA y la inflación, en pesos. El mecanismo busca alinear el financiamiento en dólares con el crédito en moneda local, dinamizando un sector clave para la economía.

A pesar del entusiasmo oficial, el sector financiero privado mantiene una postura prudente, dado que esperan que la banca pública sea la primera en desplegar esta línea de préstamos ajustados a la nueva regulación. Esta expectativa se basa en el rol que la banca estatal ha tenido históricamente para incentivar sectores estratégicos en momentos de ajuste.

Por otro lado, el ministro Luis Caputo señaló que, aunque los créditos hipotecarios en dólares no se desarrollaron como se esperaba, todavía hay oportunidad de incentivar su crecimiento a través del mercado de capitales mediante la emisión de obligaciones negociables. Para ello, propuso mayor cooperación entre bancos y agentes de bolsa, sugiriendo la creación de un fondo inmobiliario conjunto que podría multiplicar los recursos disponibles gracias al apoyo de organismos multilaterales.

Estas medidas forman parte de un plan más amplio para mejorar el acceso al financiamiento en dólares, un desafío histórico en la economía doméstica tras la salida de la convertibilidad que restringió los préstamos en moneda extranjera a quienes generaran esos dólares. Ahora, con esta modalidad de garantías cruzadas, los bancos pueden intermediar recursos con mayor flexibilidad, intentando superar los escollos que frenaron la expansión del crédito durante años.