La mora bancaria en Argentina alcanzó un 5,3% al finalizar 2025, el porcentaje más elevado entre las principales economías de América Latina, según un informe elaborado por Deloitte con datos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Central. Este índice supera ampliamente al de Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y México, evidenciando una brecha significativa en la calidad crediticia de la región.
El empeoramiento se observa con especial crudeza en los créditos dirigidos a hogares, cuya tasa de morosidad ronda el 11%. Además, el sector fintech y las billeteras virtuales presentan un deterioro aún más grave, con más del 27% de sus carteras en situación irregular y una porción considerable de préstamos con atrasos superiores a un año, cifras que se han multiplicado en tan solo doce meses.
Este escenario crítico se combina con la limitada profundidad del sistema financiero argentino, donde el crédito al sector privado apenas llega al 15% del Producto Bruto Interno (PBI), cifra mucho menor en comparación con Brasil o Chile. En particular, el crédito hipotecario es casi inexistente, representando apenas el 1% del PBI, mientras que los préstamos para empresas y familias se dividen en partes similares, cercanas a 7 puntos del producto nacional.
El informe destaca también el impacto negativo de la presión tributaria en el costo del crédito. Impuestos como el IVA, Ingresos Brutos y sellos aportan cerca del 30% al costo total del financiamiento, dificultando el acceso tanto para consumidores como para empresas. Este factor encarece las operaciones en Argentina en contraste con otros países de la región.
En cuanto a las causas del aumento de la morosidad, se señalan factores estructurales como la baja inclusión financiera y la volatilidad macroeconómica, junto con elementos coyunturales, especialmente las tasas de interés reales elevadas y la caída del salario real durante 2025. El estudio econométrico incluido en el informe indica que un incremento de 10 puntos porcentuales en la tasa de interés real provoca un aumento de 3,4 puntos porcentuales en la mora, mientras que una mejora salarial del 10% apenas reduce el indicador en 0,3 puntos.
Finalmente, el crecimiento del crédito tiene un efecto moderado pero positivo sobre la morosidad, lo que sugiere que la cantidad de préstamos otorgados no es el principal motor del deterioro, sino más bien la capacidad efectiva de pago de los deudores en un contexto económico complicado y con costos financieros elevados.