La industria de la indumentaria enfrenta una prolongada crisis que ya supera dos años de caída continua en las ventas, principalmente por la baja demanda interna. Durante el bimestre más reciente, las ventas descendieron un 7% interanual, consolidando seis períodos consecutivos de retracción según la última encuesta de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI).

El informe revela que más de la mitad de las empresas del sector sufrieron bajas en sus ingresos, mientras que solo una minoría logró incrementos, aunque el escenario muestra una leve mejora respecto al período anterior. Sin embargo, la mayoría de las firmas identifica la caída en la demanda como el principal problema, muy por encima de factores como el aumento de costos o la falta de financiamiento.

Esta combinación afecta la rentabilidad de las empresas. La inflación en los costos, en particular los salarios, no se traslada a los precios de venta, limitando la actualización tarifaria frente al incremento de gastos. Nueve de cada diez compañías no pudo trasladar ni siquiera la mitad del aumento salarial a sus precios, y la mitad admitió no haber trasladado ningún porcentaje de ese aumento durante el último bimestre.

El debilitamiento del consumo se manifiesta también en el aumento de stock acumulado. En solo un año, el porcentaje de empresas con volúmenes excesivos de mercadería creció hasta superar la mitad del sector. Este exceso de inventario preserva el capital inmovilizado y presiona sobre la liquidez empresarial.

Además, la cadena de pagos del sector exhibe signos de tensión creciente. El aplazamiento en el cobro de facturas se manifestó con mayor frecuencia, afectando a casi un tercio de los respondientes, lo cual complica aún más la operatividad y capacidad de pago de proveedores y empleados.

El ajuste también se refleja en el empleo, con muchas empresas reduciendo sus plantillas, ya sea por renuncias no reemplazadas o despidos directos. Esta dinámica persiste como una constante en el sector.

Por último, las expectativas no anticipan una recuperación inmediata. La mayoría califica su panorama económico como regular o peor, y predicen que las ventas se mantendrán estancadas en niveles bajos durante los próximos meses. Solo un pequeño porcentaje espere una mejora en el corto plazo, mientras que una proporción significativa prevé que la situación empeorará.