Argentina no firmó un texto que había sido activado por Estados Unidos junto con aliados regionales y que contenía críticas hacia China. La negativa del Gobierno local causó disgusto en el Departamento de Estado estadounidense, según informaron fuentes locales.

El documento era parte de una estrategia coordinada entre Washington y sus socios en América Latina para expresar posiciones comunes respecto a la potencia asiática. Sin embargo, la administración argentina decidió no sumarse a la declaración conjunta, manteniéndose al margen de esta iniciativa diplomática.

La postura argentina generó tensiones con la diplomacia estadounidense, que contaba con que el país se adhiriese al pronunciamiento regional. Esta situación refleja las complejidades de la política exterior argentina en relación con sus vínculos tanto con Estados Unidos como con China, potencias con intereses contrapuestos en la región.

La decisión de no firmar el texto contrasta con los esfuerzos de Washington por fortalecer un bloque de países latinoamericanos alineados en sus posiciones sobre asuntos de política internacional, particularmente respecto a potencias que Washington considera competidores estratégicos.